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15 de noviembre de 2009

Zoco

Granada

Bueno, no es un zoco exactamente, es ese pequeño mercadillo que hay en Granada.

14 de noviembre de 2009

Suelo

Granada

13 de noviembre de 2009

Europa

Unión Europea

Otra foto de la última cacería.

12 de noviembre de 2009

Bocadillos = fishes

bocadillos = fishes

Al menos eso se desprende del cartel de esta cafetería dentro del aeropuerto de Barajas. Y como premio extra, cafés. Como diría Michael Clarke Duncan en la milla verde:

- ¿Tu nombre es John Coffey?
- Sí, señor. Como la bebida, pero escrito diferente.

11 de noviembre de 2009

La Alhambra

Ya con este viaje me he quitado la espinita de no haber podido haber sacado fotos con la nueva cámara. Como ya me comentaba algún amigo:
- ¿Te has comprado una cámara tan cara sólo para sacar fotos al gato?
Y pasadas dos semanas:
- ¿Has sacado más fotos con tu cámara?
- No, no he estado en Valladolid y, por consiguiente, no he sacado fotos al gato.
Así que en Granada me he desquitado con ganas. Creo que en dos días saqué algo más de cuatrocientas fotos. Aquí la primera muestra:

La Alhambra, Granada
La Alhambra, Granada

10 de noviembre de 2009

Ayer ya regresé de Granada. Han sido cuarenta y ocho horas de risas, cañas, tapas y paseos por la ciudad. Era la primera vez que viajaba tan al sur de Valladolid (el anterior récord personal estaba en Murcia) y no me defraudó. Pero en el viaje tuvimos una mancha negra.

Cerca de la catedral, hay un bar que... No sé si poner el nombre, pero bueno, diré que puede que se encuentre en la calle Marqués de Gerona. Los once que éramos pasamos por allí y como teníamos ganas de una caña juntamos tres mesas y tomamos una ronda. Euro y medio la caña, de veinte o veinticinco centilitros. Siete del grupo decidieron quedarse repitiendo ronda, mientras que otros cuatro dimos una vuelta por la Catedral y las calles aledañas, así que una hora u hora y media más tarde regresamos para seguir con cañas (y jarras de medio litro llamadas tanques, que cobrarán gran importancia en esta historia) y comer de menú (sí, puede que sea un crimen estar en Granada y no alimentarse a base de tapas, pero queríamos algo más contundente). El camarero tardó desde que pedimos la carta hasta que ya vino a tomar nota, y eso sí, diciendo el chico:
- Bueno chicos, que esto se me está llenando, decidíos pronto.
- Coño, si ya está decidido, estamos esperando a que tomes nota. Eso sí, recuerda que los menús tienen bebida incluida, así que de ahí descuenta cañas.
- Sí, claro, por supuesto.
Y el servicio bastante lento, teniendo que llamar a cada rato al camarero para que se acordase de servirnos y de ponernos algún plato de más (algunos pidieron menús de degustación de diez platos "típicos granadinos", como de típicos pueden ser una fideua, un plato de aceitunas o cosas así). Mientras, más cañas y ya pedimos la cuenta y le decimos al camarero que al menos se ponga unos chupitos. Vale, nos deja una botella de moscatel y llega la cuenta: 201 euros. A once personas tocamos a menos de veinte, pero no nos parece normal. Echando cuentas, vemos que no nos han descontado las bebidas de los menús y que aparecen once tanques de cerveza, de medio litro, a cinco euros la pieza. Es decir, que por un envase de la mitad nos cobran euro y medio y esto, que es es doble de cantidad, cuesta más de tres veces más. Total que se lo decimos al camarero.
- Oye, que esto de aquí no es muy normal, ¿no? ¿Por qué son a cinco las jarras?
- No, eso es cosa del jefe, que pone los precios y ahí no se puede hacer nada. Eso sí, ahora os quito las cañas de los menús.
- Bueno, pues que venga tu jefe y que nos lo explique él, que no hay problema por hablar con él.
Total que viene el jefe, con cierto parecido a Julián Muñoz.
- Es que no es lógico cobrar cinco euros por una jarra valiendo la caña uno y medio...
- Porque el precio es así y punto, y esto tiene un servicio y blablabla. Aparte, cómo os ponéis por un euro de nada.
- No es un euro, son once.
- Y habéis estado ocupando mesas y eso a mí me genera un coste porque podría haber estado sirviendo a gente y habéis estado aquí...
- Consumiendo.
- OYE A MÍ NO ME LEVANTES LA VOZ.
- No te la estoy levantando. Vale, si el precio del tanque es ese, enséñanos la carta de precios y lo vemos.
- Sois unos ridículos, no tengo por qué enseñaros la carta de precios... A ver si vosotros me vais a decir a mí a cuánto tengo que cobrar las cosas.
Aclaración: La carta de precios es un documento que todos los establecimientos tienen que tener en un lugar visible. Viene sellado y firmado (con fecha de validez) por un organismo de la comunidad autónoma correspondiente, y son precios máximos. Es decir, en bares de copas podéis ver en la carta de precios que el precio de un cubata es de veinte euros (por decir algo), pero luego si el del bar os cobra tres, seis o diecinueve es cosa del del bar.

Mientras, el camarero, muy conciliador, todo hay que decirlo, nos deja la cuenta con un descuento de veinte euros. 180 de pagar. El dueño cada vez más farruco e hinchado, va y viene no sé si esperando que nos marchemos por aburrimiento. Siguen las risas.
- Estás en la obligación de enseñarnos la carta de precios y que el producto esté reflejado ahí.
- Esto es que sois once y os creéis que por ser once me vais a amedrentar.
- O nos enseñas la carta de precios o nos traes una hoja de reclamaciones.
Aclaración dos: La hoja de reclamaciones, esa gran desconocida. Es un documento oficial expedido por la comunidad autónoma con número de serie y unos campos a rellenar por el reclamante (el cliente) y el dueño del establecimiento (no sólo bares, es cualquier negocio, como puede ser una oficina de alquiler de coches). En él el cliente escribe su reclamación y la firma, el vendedor también firma y entonces queda una copia para el cliente, otra para el vendedor y otra a entregar a consumo. Se supone que consumo sabe, por el número de serie, a qué establecimiento pertenece la hoja de reclamaciones y si más adelante el establecimiento tiene una inspección y le preguntan por hojas que falten, el establecimiento tiene que decir dónde están o qué pasó con ellas. El cliente, por su parte, puede (o más bien debe) pasarse por consumo para entregar la otra copia de la reclamación. Consumo enviará una inspección al establecimiento (no sólo para mirar los precios, creo) y no es que sea muy bueno para él. Sobre todo en un negocio de un sector en el que suele haber tanta normativa sobre higiene, tantos contratos en B y cosas así. Vamos, que a alguien en facultades normales no le interesa tener ese tipo de marrones.

Mientras tanto, el tipo nos ha enseñado la lista de precios y se empeña en que hay veces que la gente le pide jarras de litro y tampoco aparecen en la lista, pero que las cobra y punto. Sí, está bien, puede hacerlo, pero poniendo un precio proporcional. Nosotros, de manera indirecta, le damos a entender que si baja el precio de los tanques podemos olvidarnos del asunto, pero él sigue dale que te pego llamándonos ridículos (me encanta el insulto, lo voy a empezar a usar) y diciendo que no le queremos pagar.
- Una hoja de reclamaciones, por favor.
- Vosotros lo que no queréis es pagar y entonces voy a llamar a la policía.
- Nosotros hemos dejado el dinero encima de la mesa, ahora nos traes la factura y la hoja de reclamaciones. Y si quieres llamar a la policía, la llamas, aunque igual nosotros llamamos antes.
El tipo tarda más y más en hacer la factura, decimos a los camareros que vamos a llamar a la policía y ya viene la hoja. Pagamos (muy importante, si no has pagado, no puedes hacer una reclamación sobre un servicio no consumido, o eso parece) y rellenamos la hoja. Como siempre, el jefe ese toma su tiempo en volver por allí, pero la palabra policía parece que sirve para que se acerque. Se pone a leerlo y a comentarlo en voz alta, comentando la jugada. En ese momento yo, que había estado callado todo el rato, alzo la voz y le digo al portavoz del grupo:
- Mira, no está nada más que marearnos para que nos cansemos. Llama a la policía y que ya decidan ellos.
Con la llamada hecha siguen las voces. Varias veces ya los camareros han pedido al jefe que se marche, que firme, no sé si le aconsejarían que se dejase de historias... Hubo momentos de auténtico esperpento, como cuando una de las camareras intentó devolvernos parte del dinero metiéndolo en la mano de uno de nosotros, un encaramiento del jefe con otro de nosotros (le separó el camarero) y algún tipo de amenaza en plan si vosotros sois de fuera, ¿qué caso os van a hacer?, tengo más bares, esto no es dinero para mí (como diría Matías el humilde, me sobra el dinero), a mí nunca nadie me ha puesto una hoja de reclamaciones y esas cosas.

Finalmente firma con un no conforme, así que salimos del bar, esperamos a que lleguen los municipales y nos cuentan el procedimiento de la reclamación. Están de acuerdo con nosotros, pero no pasan a ver los precios. Nos dicen que, de tener interacción con ellos, por así decirlo, tendría que ser ya para hacer una denuncia (o algo así entiendo). Y ahí acaba nuestra historia.

El del bar se pensaría lo que a todos nos ha pasado alguna vez: Son un grupo grande, piden cañas a lo loco, luego están un poco tocados y ya no se acuerdan de si fueron quince o veinte. Y la mayoría de las veces cuela. Es más, si nos lo hubiera hecho (que creo yo que también nos lo hizo) pues sí que no nos hubiéramos dado cuenta. Como mucho, lo de las bebidas de los menús. Pero parece que a esta gente con aires de superioridad (ridículos, no me vais a decir a cuánto he de poner las cosas y con vosotros pierdo dinero) el ansia les gana y se creen que levantando la voz y haciéndose los locos basta. Luego son los primeros que en las noticias salen llorando porque la hostelería no gana dinero y la gente cada vez consume menos. Por cosas como esta, cada vez me alegro más de que la gente se busque otros sitios para irse de vacaciones.

9 de noviembre de 2009

9 de noviembre

Hoy, 9 de noviembre, es el veinte aniversario de la caída del muro de Berlín. Veinte años hace ya de aquella rueda de prensa en la que se formuló la pregunta:

- ¿Cuándo entrará en vigor [la autorización de viajes privados sin justificante]?
- Ab sofort, esto es, de inmediato.
Y eso hizo que miles de berlineses (y de ciudadanos del Este) fuesen corriendo hacia las fronteras para ir al otro lado. Según parece, la caída de la RDA ya estaba más que cantada desde que la República Checa y Polonia abrieron sus fronteras a Europa occidental. Los países fronterizos con la RDA se estaban convirtiendo en la vía de escape de los alemanes que querían conocer a sus hermanos del oeste.

No os voy a contar nada más, porque en muchos más sitios podréis leer crónicas más detalladas. Tan sólo dejo como curiosidad una cosa de la que ya he hablado alguna vez: David Hasselhoff. David Hasselhoff en el muro de Berlín. David Hasselhoff en el muro de Berlín cantando en Nochevieja. Sí, él, porque sacó un par de discos que en Alemania tuvieron bastante éxito. Sobre todo esta canción, que parece que ni pintada para la ocasión, Looking for freedom. Disfrutadla. Y también disfrutad de la cazadora/árbol de Navidad.

Sobre mí

Currículum Vitae

Vallisoletano del 82, cursando Informática de Gestión disfruté de una beca Erasmus en Wolfenbüttel, Alemania, en el curso 04/05. Después de eso, tras unos meses en Valladolid marché a Madrid a trabajar, donde llevo desde Marzo de 2006.

Aficiones

Más o menos lo normal: Viajar, sobre todo, y sacar un montón de fotografías, de las que tres o cuatro de cada cien quedan bien. Me gusta el cine (no todo el de palomitas), me quedé en la música de M80, principalmente y dicen de mí que a veces soy un poco raro, pero me gusto así.

Sobre mí en Internet

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