Dios, ya tenía ganas de que acabara este fin de semana. Como habéis visto por la actividad de este humilde blog, he estado más liado que la pata de un romano. Este viernes teníamos una subida a producción bastante importante de un proyecto en el que hemos trabajado durante cerca de año y medio. He de decir, con la boca llena de orgullo, que he participado en dos cosas importantes. Una de ellas se verá siempre que se entre en la home de la Intranet de la empresa donde trabajo. La otra trata sobre la gestión y visión de informes de las estadísticas de acceso. Casi nada. Ojo, no quiero decir que yo lo haya hecho todo, ni mucho menos, he tomado parte en un equipo de cinco personas. Bueno, cuatro desde el viernes.
En fin, el jueves, como ya dije hice un 8:30 - 1:30. El viernes entraba a las 10:30, por quedarme un ratito más por la tarde... Ese rato comenzó a estirarse y estirarse hasta llegar a las 6:00 AM (me dejaron en casa a eso de las 6:30). Y todo para que, después de unas cuatro horas, decir:
- Si es que esto no se puede hacer.
- Pues nada, vámonos a casa.
(También puede que influyese que hacía media hora había puesto a todo trapo la canción de los lunnis)
Y además, quedaba que el sábado tenía que estar disponible por si surgía alguna emergencia. Y por medio el partido de España contra Turquía, lo que me obligaba a adecentar un poco mi habitación, que es como la de Fermat (cada vez hay menos suelo por el que poder pisar). Claro, hay que aparentar que soy una persona ordenada y no un cerdo que acumula ropa para planchar en una silla. Así que a la una arriba, a comer, planchar y recoger algo de la habitación (creo que obtuve un aprobado alto). Llegaron mis amigos, fuimos a casa de otro, estuve atento al móvil (que no sonó) y de ahí al partido, primera vez en el Bernabéu.
Mucha gente en la calle con camisetas y banderas de España hacían que mi vena más fachisoletana saliera a la luz. Como yo no tenía camiseta de España (y no me dejaron llevar la de Alemania) me puse una roja y un gorrito que me dieron en Viena durante la Eurocopa, y así entré al estadio. Y tras tanta tensión con el curro, pegar unas voces no estaba mal para descargar.
La pesada del número siete no hacía nada más que quedarse de pie, hasta que berreábamos lo suficiente.
Celebración del gol
Ahí en pequeñito se ve a Manolo el del bombo.
Y un dato curioso:
Mientras no hacíamos más que ver publicidad de "ahorra energía", estaban estos calefactores a todo trapo dando calor. Tanto que nosotros, que habíamos ido algo abrigados y con chaqueta por si llovía tuvimos que quedarnos en camiseta (acostumbrados al
estadio de la pulmonía...). Creo que hasta cogimos algo de color.
En fin, mañana más y mejor. Por suerte creo que ya hemos acabado lo de quedarnos a las tantas, ahora a ver si acabo el destierro.