Hace unos días vi Valquiria (
Valkyrie, 2008), una película que no fui a ver al cine y que había dejado en la reserva de películas por ver. La historia cuenta, de manera biográfica, el último y fallido atentado contra Hitler. Valquiria, realmente, era un plan militar oficial diseñado como un procedimiento a seguir en caso de una revuelta popular pero Stauffenberg (Tom Cruise) y sus asociados lo modificaron para su propio beneficio. En sus cambios, quitarían a las SS del operativo para así poder quitarse al grupo más leal al Führer.
¿Qué llevo a un grupo de hombres a conspirar contra Hitler? A partir de 1942, con las primeras derrotas en el Este, entre los altos mandos del estado mayor alemán comenzaron a haber discrepancias. El crudo invierno de Rusia y el conocimiento de los fusilamientos de civiles no mejoraban la imagen del régimen. Claus von Stauffenberg estuvo allí, según se dice en la película fue trasladado al norte de África al dar a conocer su opinión sobre la marcha de la guerra y allí perdió una mano, un ojo y un par de dedos de la mano que le quedaba, por lo que parece que fue la gota que colmó el vaso.
De vuelta en Alemania y recuperado de sus lesiones, comenzó una carrera más... Digamos burocrática, no a pie de campo y llegó a ser jefe de las reservas de la Wehrmacht, un cargo ideal para perpetrar un golpe de Estado: Bajo su mando tendría a una parte del ejército situada en los núcleos urbanos alemanes, por lo que podría movilizarlos para tomar los edificios administrativos. Justo para eso modificó el plan Valquiria.
En junio de 1944 los aliados desembarcaron en Normandía. Esto puso más nerviosos (si todavía era posible) a los conspiradores, pues veían que si la guerra seguía adelante Alemania sería destruida. Así, en agosto de 1944 von Stauffenberg tuvo su gran oportunidad: Una reunión en la que, aunque Himmler no estaría por problemas de agenda, iba a estar Hitler. Incluso el mismo día andaba por ahí Mussolini, aunque no estaba invitado a la reunión.
En un principio la tarea parecía sencilla: Dos explosivos con sendos detonadores ocultos en un maletín explotarían dentro de un búnker de hormigón, cerrado, sin ventanas, cosa que haría que la onda expansiva rebotase en las paredes y fuese más dañina. Pero ocurrió un cúmulo de casualidades: Al hacer calor, se hizo la reunión en una casa (ventanas que harían que la onda expansiva saliese). Por prisas no se pudo activar el segundo explosivo. Además, la mesa de operaciones era bastante gruesa y alguien movió el maletín en el último momento dejándolo detrás de una gruesa pata de madera, lo que hizo que la bomba, aunque mató a cuatro personas, Hitler apenas sufrió heridas superficiales y pérdida de audición.
Von Stauffenberg no pudo comprobar si el atentado había tenido éxito. Rápidamente voló a Berlín, comunicó que Hitler había muerto y coordinó a las tropas para tomar todas las instalaciones de Berlín. Al fin y al cabo, las demás provincias alemanas harían lo que mandase Berlín, por lo que no era necesario hacer una revuelta a nivel nacional. Y aunque al principio parecía que el golpe iba a funcionar, rápidamente se vio que Hitler había sobrevivido y la revuelta fue sofocada. Stauffenberg , junto con otros, fue fusilado el mismo día y otros fueron juzgados meses más adelante. La condena de algunos de ellos muestran la crueldad del régimen: Ahorcados de cuerdas de piano.
Y esto es lo que cuenta la película, que se puede ver una tarde de domingo en la que no se tenga nada que hacer. No se hace pesada, los hechos suceden rápido y, aunque de primeras sepamos cómo va a acabar, mantiene la emoción hasta el final. Por cierto, como siempre pasa en estas producciones, los que interpretan a los jerarcas nazis se parecen bastante.