Como siempre, la gran piedra angular de mis quejas y desdichas es el trabajo. Durante el último año y medio largo mis compañeros de departamento y yo no hemos hecho más que sufrir cambios y más cambios en la fecha del estreno de un gran proyecto (gran por la envergadura, que no por la profesionalidad que haya habido, en mi opinión). Una vez hecho ese estreno (el fin de semana del España -Turquía, por cierto) nos tocó seguir comiéndonos errores propios (poco, es lo que tiene que seamos unos profesionales que no venden humo) y ajenos (he visto cosas en código que harían que Michael A. Jackson se revolviese en su tumba de no ser porque ese Michael Jackson sigue vivo) y como guinda a ese pastel de mierda nos dijeron a principios de octubre que la empresa de esos mismos chapuzas se quedaban con nuestro departamento (después de haber limpiado parte de su mierda). A día de hoy, de los cuatro miembros del departamento quedamos uno en la calle, dos en un mismo departamento con jefas diferentes y otro que sigue en el proceso del... dicho de forma fina, traspaso de conocimiento.
No tendría que quejarme, al fin y al cabo en mi caso el cliente se ha mojado el culo y me ha colocado en otro sitio (Cuando me largue del cliente hablaré de lo bien que se han portado con otra persona que llevaba más del doble de tiempo que yo). Lo malo es que no estoy en lo que hacía antes (por poner un símil, trabajando en una fábrica de coches, antes ponía ruedas y ahora volantes. Es trabajo, pero a mí me gusta más poner ruedas). Sí que intenté moverme: De abril a agosto estuve con la beca del ICEX (en la lista de desengaños de este año ocupa el número uno, sin duda). Lo que como nombre clave puse Operación Valquiria, y que salió casi tan mal como en el caso real. Cuando vi que el tema ICEX no iba, intenté jugármela a vamos a hacer entrevistas en Holanda estando de vacaciones. Nada, cero patatero. Y en cuanto entré en mi nuevo departamento, al que pondré como nombre clave el Führerbunker, sí que comencé a ponerme visible en las páginas de búsqueda de empleo. Me llamaron para una que parecía que más o menos me venía como anillo al dedo: Empresa alemana residente en España, pidiendo a alguien con conocimientos en inglés y alemán, viajes al extranjero, oficinas en el centro de Madrid, tecnologías con las que trabajo, un ambiente en el que se supone que iba a poder ser más participativo en la toma de decisiones de cómo va a ser una aplicación... Llegué a hacer dos entrevistas, una con otros competidores y otra en inglés (con pizcas de alemán) pero parece que al final o pedía mucho dinero o no encajaba, simple y llanamente.
Si habéis sido lectores fieles (ojo, si no lo recordáis, no os lo echaré en cara) menos en 2005 parece que todos los años he dicho que iba a cambiar de trabajo por activa o por pasiva. Ya hasta me da miedo volver a decirlo, porque este año quiero hacerlo. Y os aseguro que quiero hacerlo con más ganas que la suma de las ganas que tenía en los demás años juntos. Este año he notado que hasta me costaba levantarme para ir al trabajo (en años anteriores podía haber días que fuese con desgana, pero iba de todas formas). Este año, más que nunca, me he visto mirando el reloj del PC deseando que llegase la hora de marcharme (y mi actividad en Facebook ha aumentado de manera directamente proporcional a los vistazos al reloj). Y, en definitiva, este año ya he llegado a la conclusión de que me daría igual que me mandasen a oficinas. Creo que son muchos indicadores que señalan que debería hacer un cambio de aires.
Por cosas como el rollo que os he soltado y por otras cosas que dejo en un plano más íntimo (me guardo de escribir cosas más personales) digo algo que ya tenía en mente mucho tiempo y por lo que creé este evento en Facebook: Adiós, 2009. Y no vuelvas.
























