Lo siento, es superior a mis fuerzas. La gente que va acumulando las vueltas en un bote (céntimos, cosas así) y a final de año dice: Vamos a ver lo que he ahorrado. Pues yo qué sé, dependerá del tamaño del frasco, ponle cincuenta euros. Vale. Cincuenta euros repartidos en unas dos mil monedas de cobre que algo tendrás que hacer con ellas, ¿no? ¿Ir a pagar con un saco? ¿Ir al banco a por los plásticos esos para que luego te lo cambien en billetes? Es decir, ¿gastas dos o tres horas de tu vida en meter monedas en plásticos de mierda y luego en colas de banco? Diréis que yo tengo aficiones raras, que no soy el más adecuado en criticar cómo otros pierden el tiempo, pero no. Yo prefiero ir gastando esas monedas tan pronto como me sea posible, y es raro que alguna vez se encuentren en mi cartera más de diez céntimos en monedas de dos y uno.
¡Tristes!
¡Tristes!
1 comentarios:
Promáteme que no escupiste en el suelo después de este final epifonémico...
Publicar un comentario en la entrada